viernes, 27 de diciembre de 2013

Los Magos y la Estrella (Navidad en el cine 9)

Además de los pastores, otros personajes decisivos completan en estos días la escena de Belén. Se trata de los Magos. Los Evangelios no dice que fueran Reyes, pero la tradición ha supuesto –con cierta lógica– que debían ser tales cuando llegan a Jerusalén preguntando por el Rey de los judíos y cuando, además, son recibidos por la máxima autoridad del lugar: el rey Herodes. Por otro lado, sus regalos son los propios de un rey.

Tampoco dice S. Mateo cuántos eran: “Unos Magos venidos de Oriente” (de ahí sus ropajes persas). Esos Magos podían ser dos, cuatro, seis... Pero como fueron tres sus regalos (oro, incienso y mirra), la tradición ha deducido que ese debía ser el número de los que se reunieron en Belén. Lo que sí mencionan las Escrituras es su profesión: eran magos, es decir, estudiosos de las estrellas y de sus movimientos en el Cielo; y precisamente de ese oficio se valdrá Dios para atraerlos –mediante una estrella– hasta el lugar exacto donde se encontraba Jesús.

En el artículo de hoy vamos a ver cómo son presentados en algunos filmes que han dedicado especial atención a estas tres figuras y a la repentina atracción por la Estrella de Belén. El que mejor lo ha hecho para un público infantil es Los Reyes Magos (2003), película animada dirigida por el español Antonio Navarro. Aquí, cada personaje tiene una personalidad muy marcada. Gaspar es un maestro de futuros magos, prudente y austero, que enseña a los niños a desentrañar los misterios del firmamento; su color es el azul celeste. Melchor es un mago gordinflón y un tanto avaricioso que sueña con descubrir los lugares donde se esconde el oro; sus colores son el marrón, los ocres y el dorado. Y Baltasar es un mago luchador, defensor de los oprimidos, que acude en rescate de los niños cautivos y trata de acabar con la trata de esclavos en África; sus colores son el negro y el azul oscuro.

Los diálogos de Gaspar con los jóvenes aprendices de mago son de lo más sabroso: “Con su luz, las estrellas predicen el futuro de los hombres, guardan los deseos secretos de los niños y nos cuentan historias de batallas, viajes y héroes… Buscáis la fama, pero eso tiene un precio, y ahora es cuando tenéis que empezar a pagarlo: con vuestro sudor y vuestro esfuerzo”.




En La Natividad (2006), Catherine Hardwicke nos acerca al trabajo minucioso de estos magos en escenas cuidadosamente ambientadas. Hasta una lejanísima Persia llega un misterioso legajo que contiene la profecía de los judíos. Gaspar, que conoce la lengua hebrea, es capaz de descifrarlo: “Un estrella… se alzará… desde la tierra… ¡de Israel!”. El Mesías, como señalan también otros fenómenos que han observado en el firmamento, está a punto de nacer entre los hombres.




Poco después, este mismo filme muestra los preparativos del viaje. En boca de Melchor, que escruta un viejo mapa de la zona, oímos el recuento de las dificultades: “Un desierto árido, llanuras inhóspitas, montañas muy escarpadas… hasta llegar a Jerusalén”. La clara determinación de este personaje encuentra resistencia en las dudas de sus compañeros, que desaconsejan un viaje tan arriesgado en solitario: “No deseo ir solo, deseo que vayamos los tres”. En esta breve escena quedan perfectamente reflejados los caracteres de cada uno de los Magos.


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